Caperucita roja en el S.XXI

Imagen de la caperucita roja de Donna Leishman

Llevo tiempo dándole vueltas a un pequeño artículo criticando la ya manida discusión sobre si los libros, esos objetos con hojas que protagonizan mis mudanzas, tienen futuro. Aunque el artículo en sí aún está un poco verde, quería compartir contigo alguna de las ideas en esta entrada para ver si coincidimos.

La crítica viene a que se suele plantear el debate sobre los nuevos libros -los electrónicos- olvidando por completo las nuevas literaturas. La pregunta parece ser qué soporte es mejor para leer el Quijote, el papel o la pantalla y a mí me parece que esa discusión tiene un interés relativo, especialmente si se tiene en cuenta la cantidad de gente que lee -y que va a leer en el futuro- el Quijote… Y así llegamos a la reinvención de la rueda: el Kindle de Amazon, pero antes de continuar tengo que dejar claro que me centro sólo en la literatura en esta entrada, dejando aparte de momento los libros técnicos y proyectos como el de la biblioteca electrónica que se están montando de Ugarte y lxs demás indianxs.

Porque resulta que hace décadas que la literatura que más se consume dejó de poder transmitirse en libros. Se transmite en DVDs, en CDs y, sobre todo, en los mil y un formatos que alimentan las videoconsolas. Igual que la poesía y el drama cedieron sus tronos a la novela en el siglo XIX, parece evidente que el siglo XX ha visto cómo otras formas (especialmente los guiones y las canciones) han superado en éxito y en creatividad a las novelas.

La literatura es, además, cada vez más interactiva. Donna Leishman se pregunta si los clicks del ratón rompen la coherencia narrativa y se contesta a sí misma con la caperucita roja a la que pertenece la imagen de arriba: una historia en la que las decisiones del lector varían la trama. Una historia que, por cierto, es contada visualmente sin más palabras que el imperativo “Érase una vez…”.

Esta herramienta con la que nos estamos comunicando ahora mismo, el Internet, nos ha acostumbrado a una forma nueva de enfrentarnos a los textos. Quien lee no tiene únicamente el poder de dejar de leer, sino también de moverse rápidamente de un texto a otro, de añadir o modificar partes, de hacer saber nuestras opiniones a quien ha comenzado el texto… También podemos reciclar los contenidos sin necesidad de copiarlos manualmente y, punto clave en bastantes discusiones económicas actuales, podemos compartir ese conocimiento de una manera increíblemente eficaz.

Por todo ello, sería verdaderamente triste que el Kindle se pareciera en algo a los soportes de la literatura del futuro. El Kindle es el aparato para leer a los clásicos del pasado. Las grandes obras épicas del siglo XX no se llaman la Iliada, sino Star Wars. ¿Son las grandes obras épicas de principios del siglo XXI Second Life y War of craft? Imagino que me caerán palos sólo por preguntarlo. ¿Puede haber literatura escrita por miles de manos sin plan previo? ¿Qué es una novela sino una segunda vida basada en la ficción?

Los libros digitales no permiten el disfrute de Star Wars ni de War of Craft. Por eso no le encuentro sentido a los temores de que les roben a los libros de papel una hegemonía que estos hace mucho que perdieron. Si discutimos cómo tienen que ser los libros del futuro sin pensar en cómo son los contenidos que tienen que transmitir, estaremos perdiendo el tiempo hablando de algo que tendrá -en el mejor de los casos- un uso cada vez más marginal. Como ocurre casi siempre, la industria nos vende el futuro anclándonos en el pasado.

(Justo después de darle al botón de publicar y tras -casualmente- haberle citado arriba, me he encontrado con esta reflexión de David).

4 Comentarios

  1. Esto es un caso parecido al de los CD-DVD y los vinilos. Muchos son los que aventuraron el fin del vinilo (como el de la radio ante la llegada de la TV). Sin embargo el auge de DJ´s y y tal vez la añoranza de los músicos ha provocado el efecto contrario. Los vinilos se venden más que nunca, aunque, eso si, solo para unos pocos, para una minoría.
    En el fondo la cuestión es la que tu muy bien indicas. Lo importante no es el formato, sino el contenido, aunque este último a la industria poco le importa.
    Yo no creo que desaparezcan los libros, como no ha desaparecido la radio ni los vinilos. Lo que si está claro es que poco a poco se van imponiendo estos nuevos accesorios de la vida moderna, que generaciones futuras pueden provocar el cambio de hábitos, y que la industria forzará la máquina con tal de vendernos sus productos.
    Quizás es que en el fondo soy un clásico. Quizás deba buscar la parte positiva y pensar que si esto llega a suceder al menos salvaremos muchos árboles (soñar es gratis) y que la cultura permanecerá en el tiempo y no como ahora que los libros sufren un deterioro y una paulatina descomposición, y que quizá esto ayude a que la cultura llegue a más gente y a más sitios (a pesar de cánones diversos).

    De todas formas al final será la industria quien establezca las normas, como siempre. Porque aunque yo prefiero los vinilos ya todo lo tengo en CD (incluso lo que tengo en vinilo) y solo espero que todo ello no nos lleve a la pérdida de los contenidos, de la buena música y de la buena literatura.

  2. Paul,

    Vaya entrada más completita, me ha encantado lo que he visto en los enlaces que has colocado. Algunos de ellos me los llevo para mi blog me parecen de visión recomendada.

    La verdad es que todas las experiencias que aquí nos cuentas me parecen muy interesantes, todo añadido al poder de la red para generar, a través de la participación de las personas conocimiento abierto, algo en lo que estoy muy sensibilizada.

    En una de las colaboraciones que estoy realizando actualmente hablo precisamente de eso, en el ámbito de la poesía, los nuevos libro-blogs unitarios, como Traviesas de poesía, o por entregas, como La Arquitectura de tus Huesos, también de las iniciativas individuales, como mi propuesta del pasado 29 de junio: Un año en el andén.

    Te dejo el enlace a todo lo que escribí por si quieres ojearlo:

    http://www.scribd.com/doc/3902617/Paginas-de-julio-08

    No obstante, decirte que para muchas cosas viene genial la versión pantalla, para otras, mejor el papel.

    Al final, antes de dormir, siempre es necesario tocar papel, es como volver al origen, a los ancestros, a la savia que circula entre las lineas de lo escrito.

    Un saludo,

    Estel J.

  3. Por cierto se me olvidaba, estás blogado jejejeje

    Ahora ya no te me escapas.

    Un saludo,

    Estel J.

  4. hola estel,

    lo primero, gracias por el comentario. la verdad es que yo también prefiero el papel en algunos contextos, pero cada vez en menos. además, sí que voy notando que mi forma de leer se está adaptando a los nuevos medios y ya me parece fastidioso tener que cambiar de libro para completar una información (p.ej. buscar a quién pertenece un nombre que acabo de leer) o incluso tener que ceñirme a la linealidad de los libros… veremos cómo se enfrentan al papel las próximas generaciones.

    gracias también por el enlace y las referencias. tu andén ya lo tenía fichado, pero no conocía la arquitectura de tus huesos y me ha parecido todo un descubrimiento!

    un abrazo,

1 Trackback

  1. De » Menos que libros, ms que lectura 3 nov ’08 at 1:10 pm

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