
La artista de Nueva Escocia Martha Stiegman ha ganado prominencia últimamente al aparecer sus dos últimos documentales en la National Film Booard’s CitizenShift. Se trata de dos cortometrajes englobados bajo el proyecto In the same boat? (“¿En el mismo barco?“), In defense of our treaties (“En defensa de nuestros tratados“) y The end of the line (“El final de la línea“), sobre la gravísima crisis en la que se encuentra la pesca tradicional.
Las piscifactorías están en crisis; llevan estándolo desde hace más de una década. Los recursos están colapsados y miles de pescadores han sido comprados por unas pocas corporaciones importantes. La política de Fisheries and Oceans Canada (DFO) refleja la agenda neoliberal que se palpa ahora en Canadá: fomenta la concentración de la propiedad en corporaciones y la privatización de los recursos públicos mientras reduce los servicios gubernamentales.
De alguna forma, todo esto nos suena… (aunque presentado de una forma un tanto diferente). El problema parece tener dos vertientes que aparecen en las películas. Por un lado, el ecológico -que en algún momento afectará al económico al acabar con la cantidad y la calidad de los recursos. Por otro, el social, con la muerte de unas técnicas y unas tradiciones que eran más sabias en cuanto a lo que el trato con la naturaleza se refiere.
(Nos dio la pista).
La entrada de hoy me trae a la mente cómo se pinta la carcasa de un vehículo por parte de robots en las cadenas de montaje: se le colocan sensores en la mano a un pintor profesional, de manera que se registran sus movivientos; esto se realiza varias veces y se elige la mejor “pasada”, que es la que repetirán las máquinas.
Sin el pintor, las máquinas no pintarían optimamante, pero a su vez las máquinas realizan una operación peligrosa (por tóxica) y repetitiva.
El acierto parece estar siempre en el punto medio.